En una de las zonas más emblemáticas de Bérgamo, un proyecto de arquitectura y paisaje recuperó 15.000 metros cuadrados de espacio público. Menos asfalto, más verde y nuevos recorridos para volver a poner en valor un conjunto urbano que nació hace más de un siglo. Cómo Italia transformó un centro histórico sin borrar su historia

Hay ciudades en las que el pasado no está encerrado en un museo. Está en las calles, en las plazas, en los edificios y, sobre todo, en la manera en que las personas las recorren. Bérgamo, en el norte de Italia, es uno de esos lugares. Y en pleno corazón de su llamada Città Bassa, una intervención reciente propone algo tan sencillo como profundo: recuperar el espacio entre los edificios para devolverle protagonismo a la ciudad.
El proyecto del Centro Piacentiniano, desarrollado por el estudio italiano CN10 architetti, transformó alrededor de 15.000 metros cuadrados de espacio urbano. La intervención, realizada en 2023 y recientemente difundida por ArchDaily, no consiste en levantar un nuevo edificio ni en imponer una arquitectura llamativa. Por el contrario, trabaja sobre lo existente: calles, plazas, árboles, recorridos, pavimentos y edificios históricos.
El resultado es una suerte de gran parque urbano en el centro de Bérgamo, donde el verde se mezcla con la piedra y donde los recorridos peatonales recuperan protagonismo. Una transformación que demuestra que, en determinados lugares, construir puede significar también quitar, limpiar, recuperar y dejar respirar a la ciudad.


El nombre del proyecto remite a una parte fundamental de la historia urbana de Bérgamo. A comienzos del siglo XX, la ciudad decidió transformar el sector que durante siglos había albergado la Fiera di Sant’Alessandro. En 1906 se realizó un primer concurso y, al año siguiente, un segundo llamado en el que resultó elegido el proyecto presentado por el ingeniero Giuseppe Quaroni y el arquitecto Marcello Piacentini.
A partir de allí comenzó a tomar forma un nuevo centro para la ciudad moderna. Entre 1912 y 1927 se construyeron distintos edificios que terminarían formando el conjunto conocido como Centro Piacentiniano: la Banca d’Italia, la Torre dei Caduti, la Cámara de Comercio, edificios sobre el Sentierone, el Palazzo di Giustizia y otras piezas institucionales y comerciales.
El objetivo de aquella operación era crear un nuevo corazón urbano. Más de cien años después, el desafío volvió a ser el mismo, aunque con una pregunta diferente: ¿cómo actualizar ese centro sin perder la identidad que lo convirtió en uno de los lugares más reconocibles de Bérgamo?
La respuesta de CN10 architetti fue mirar primero la ciudad antes de intervenirla.
El proyecto partió de un análisis detallado de las formas, las dimensiones, los trazados, las distintas capas históricas y los elementos del paisaje que todavía podían reconocerse. En lugar de dibujar una nueva estructura desde cero, los arquitectos buscaron las huellas que permanecían en el lugar y las utilizaron como punto de partida.
La propuesta, denominada Flânerie, plantea una intervención casi quirúrgica. El objetivo fue eliminar superposiciones que con el paso de los años habían vuelto confusos algunos recorridos y recuperar una lectura más clara del espacio público. Especialmente, se buscó ordenar la convivencia entre peatones, automóviles y otros flujos que habían terminado fragmentando el área.
Uno de los cambios más visibles ocurrió en el suelo. Cerca de la mitad de las superficies estaban cubiertas por asfalto. Ese material fue eliminado en las áreas intervenidas y reemplazado por nuevos pavimentos de piedra y grandes superficies verdes. Pero la decisión no fue solamente estética: al retirar parte del pavimento también se recuperaron sectores permeables y sistemas de drenaje natural, mejorando las condiciones ambientales y ecológicas del conjunto.

Así, lo que antes era una sucesión de superficies duras comienza a funcionar como un paisaje continuo.
El verde aparece entre los edificios históricos sin intentar competir con ellos. Los nuevos parterres siguen las huellas existentes y toman referencias de elementos que ya formaban parte del lugar: el pozo de Piazza Dante, la superficie de piedra vinculada al Teatro Donizetti y los espacios verdes bajo los antiguos castaños de Indias del Sentierone.
Es una operación que parece sencilla, pero que tiene detrás una idea muy clara: la nueva arquitectura no debe borrar las capas anteriores, sino hacerlas nuevamente visibles.
El Sentierone es una de las piezas fundamentales de este paisaje. Este gran paseo arbolado tiene una historia que se remonta varios siglos atrás. En sus orígenes era apenas un pequeño sendero que atravesaba el antiguo prado donde se realizaba la feria de la ciudad. Con el tiempo fue ampliándose, plantándose y pavimentándose hasta convertirse en uno de los ejes principales de la Bérgamo moderna.
Hoy, ese mismo recorrido vuelve a adquirir un papel central dentro de la renovación.


Desde allí se relacionan algunos de los edificios y espacios más importantes del sector: el Teatro Donizetti, la iglesia de San Bartolomeo, el Quadriportico, la Torre dei Caduti y Piazza Dante. El nuevo paisaje funciona como una delicada red que conecta estos lugares y permite recorrerlos de una manera más continua.
Y allí aparece quizás el aspecto más interesante de la propuesta. No hay una gran pieza arquitectónica destinada a convertirse en la nueva postal de Bérgamo. No hay una forma espectacular que busque llamar la atención por encima de los edificios históricos. La intervención funciona casi al revés: cuanto más discreta es, más permite que el conjunto existente vuelva a ser protagonista.
La piedra recupera presencia. Los árboles ganan espacio. Los recorridos se hacen más claros. El peatón encuentra nuevos lugares para detenerse. Y los edificios históricos comienzan a leerse nuevamente como parte de un conjunto y no como piezas aisladas.
En tiempos en los que muchas ciudades buscan transformarse mediante grandes edificios, megaproyectos o nuevas infraestructuras, el Centro Piacentiniano propone otra forma de entender la renovación urbana. Una que no necesariamente necesita construir más, sino utilizar mejor lo que ya existe.


La operación también responde a algunas de las preocupaciones que atraviesan hoy a las ciudades europeas: reducir superficies impermeables, incorporar vegetación, favorecer el drenaje natural, mejorar la experiencia peatonal y recuperar espacios públicos para usos cotidianos.
Pero quizás su mayor virtud sea que todas esas decisiones se integran sin convertirlas en un manifiesto. El proyecto simplemente vuelve a conectar piezas que ya estaban allí.
Bérgamo conserva así un centro que nació con la ambición de convertirse en el corazón moderno de la ciudad y que, más de un siglo después, vuelve a ser actualizado. Esta vez, no mediante una nueva monumentalidad, sino a través del paisaje.
Entre piedra, árboles y arquitectura, el Centro Piacentiniano encuentra una nueva manera de contar su historia. Una historia que comenzó con una feria, continuó con la construcción de un nuevo centro urbano y hoy incorpora una tercera capa: la recuperación del espacio público como lugar de encuentro.
Porque a veces la mejor manera de transformar una ciudad no es cambiar su identidad, sino hacer que vuelva a verse. ©

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