Amazonas modernas

¿Alguna vez escucharon hablar de “Quimio con pelo”? Se trata de un proyecto de una mujer que padeció el cáncer desde adentro y luchó hasta conseguir la victoria de no perder su pelo durante el tratamiento. Su idea de utilizar geles fríos a modo de “cascos” llegó a gran cantidad de personas hasta lograr una red en la Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú y Colombia.

Hablamos de Paula Estrada, creadora y fundadora de la red solidaria “Quimio con pelo” que comenzó en 2009, la ONG que lleva adelante el proyecto de cascos fríos para pacientes oncológicos.
Cascos de gel que se arman en casa y se utilizan durante la quimioterapia para evitar la caída del cabello. Esto se logra por la temperatura de los cascos (-18º / -20º) los cuales generan que los folículos del pelo se contraigan permitiendo que no llegue toda la medicación a ellos y de esta manera evitar la caída del pelo.
Una de las tantas comisiones de apoyo se encuentra en la localidad de 30 de agosto, partido de Trenque Lauquen, Buenos Aires y se llama “Quimio con pelo 30”.
Si hablamos de superación, fuerza, lucha y, sobre todo, muchísimo amor, hablamos de las chicas pertenecientes al running team “en movimiento training”, quienes, muy amablemente y con mucha emoción, nos abrieron sus corazones para contarnos sus historias y experiencias con el cáncer. Cómo afrontar la enfermedad, transitar el tratamiento y difundir las posibilidades que hoy existen para ayudar.

– ¿Cómo comenzó su organización “Quimio con pelo 30”?
Quimio con pelo 30 comenzó en 2021 por iniciativa de un grupo de mujeres, algunas transitando el cáncer de mama, otras no. Todas, de alguna forma, relacionadas por un lazo ya sea familiar o de amistad con la intención de difundir este método que poco se conocía y dejarlo al alcance de las personas que decidan utilizarlo.


 – ¿Cómo llegaron ustedes a conocer “Quimio con pelo”?
– En el 2020, una de las integrantes de nuestro grupo es diagnosticada con cáncer de mama y su doctora la pone en conocimiento de la existencia de este método y así pudo acceder a los cascos. Durante su quimioterapia logró no perder el cabello. A su vez, cuando el resto del equipo conocemos la situación decidimos ser parte de esta red nacional y armar en 30 de agosto un grupo que pueda ofrecer ese acompañamiento e información junto con los materiales para armar los cascos y lograr que llegue a la mayor cantidad de gente posible.

– ¿Creen que la idea fue innovadora en el país?
– Si, la idea es totalmente innovadora. Existe una diferencia gigante entre transitar una quimioterapia con pelo a transitarla sin. Es un tratamiento muy agresivo en el que uno/a necesita mantenerse lo más fuerte posible para sobrellevar momentos complicados. Que la imagen de uno/a se mantenga lo más parecido a siempre es lo que marca la diferencia.

Los cascos fríos se usan durante la quimioterapia. Es en ese momento, donde la droga alopécica ingresa al organismo generalmente a través de vías sanguíneas.

– ¿Los cascos se donan?
– Los cascos se prestan. En nuestro caso, contamos con un banco de geles para poder armar los cascos que les prestamos a las personas que los deciden usar. De todas maneras, la finalidad nacional de “Quimio con Pelo” no es proveer los cascos sino trasmitir y difundir el método y acompañar a las personas que deciden usar estos cascos durante el proceso de quimioterapia.

– ¿Cómo es el proceso de armado del casco?
– El armado de los cascos es muy simple. Se utiliza una cinta adhesiva para unir los distintos geles (se usan entre 4 y 5 geles) dependiendo del tamaño. Cada casco va armado al tamaño de la cabeza de cada uno, lo que lo hace un armado personalizado.  Debe quedar un poco suelto ya que después va al freezer y cuando se congela se reduce el tamaño. Estos geles son reutilizables.

– ¿En qué momento se deben usar y cómo?
– Los cascos fríos se usan durante la quimioterapia. Solamente en ese momento, donde la droga alopécica ingresa al organismo generalmente a través de vías sanguíneas. Se colocan los geles congelados en la cabeza media hora antes del comienzo y cada media hora se hace un cambio de casco para poder mantener frio el folículo piloso. Cuando termina el tratamiento, se mantiene el uso de los cascos durante una hora y media más.


 – ¿Hoy a que niveles de difusión se encuentra “Quimio con pelo 30?
– Creemos que hoy la difusión de “Quimio con Pelo” es bastante alta porque, gracias a Dios, las redes sociales nos ayudan a difundir de manera más rápida. Logra poner en imágenes y en testimonios e historias todo lo que hacemos y por qué lo hacemos. El contacto es rápido. La verdad es que la difusión nos sorprendió porque comenzamos pensándolo para gente cercana y nos encontramos con contactos de todo el país y hasta de Honduras, Chile y otros países del mundo.

– ¿De qué forma se puede ayudar a la organización?
– La mejor forma de ayudar a nuestra organización y al resto de los grupos es difundiendo el método. Nosotros necesitamos que la gente sepa que existe esto, que se puede acudir cuando una persona transita el cáncer. Después ellos eligen si quieren o no usarlo, pero es importante que sepan que está. Ante un diagnóstico como éstos son tan pocas las cosas que uno puede elegir hacer o no hacer, ésta es una de ellas.

  ¿Qué se siente saber que están ayudando a muchas personas en algo tan importante?
– Es dificil de explicarlo porque cuando comenzamos creo que no dimensionamos lo que iba a terminar siendo para nosotras encontrarnos en el lugar en el que estamos hoy. Más que ayudar es acompañar. En ese acompañamiento descubrimos que es tan importante tanto para la persona que es acompañada como para nosotros, nos hace crecer como personas, valorar, entender y aceptar. Es gigante lo que nos pasa como grupo porque vemos la repercusión de la gente que se solidariza con nuestra acción y nos ayuda.

La Quimioterapia es un tratamiento muy agresivo. Que la imagen de uno/a se mantenga lo más parecido a siempre marca la diferencia.

Veronica. 43 años. En el 2020 le diagnosticaron cáncer de mama. Pasó por quimioterapia y cirugía de mama. Además, 33 sesiones de radioterapia. Hoy se encuentra con tratamiento hormonal vía oral por 10 años.
– ¿Cuánto aporta el running a tu vida?
– Siempre voy a comparar mi enfermedad con una carrera de Trail. Hay un momento de largada y comienzo donde nos preparamos para eso previamente. Luego el trayecto es largo, podemos elegimos correr solas, a veces acompañadas. El camino es complicado o a veces bajamos rápido. Por momentos queremos que llegue la meta o a veces queremos disfrutar un poco del trayecto. Llega un momento en que la carrera termina y todo tiene un punto final. Nos queda el recuerdo de lo malo y lo bueno pero la sensación de haberlo transitado por la manera en la que decidimos transitarlo nos deja una buena sensación.

– El uso de los cascos, ¿cambió tu forma de encarar la enfermedad?
– Totalmente. Me invitó a avocarme a una tarea de armado de casco, de cuidado del pelo, de logística que me mantuvo ocupada en eso, evitando que mi cabeza se dispare a pensamientos donde no tenía que ir. Me dio mucha fortaleza porque a medida que iba logrando el propósito que era que no se me cayera el pelo me ayudaba a pensar que si lograba esto podía lograr vencer la enfermedad.

– ¿Qué sentís hoy al mirarte al espejo?
– Siento que pude, que lo logré. Que en mis recuerdos no tengo ninguna imagen que haya tenido un signo que marque mi enfermedad. Como hubiese sido por ejemplo estar pelada mientras hacia las quimioterapias.

– ¿Qué podés decirle a quienes están transitando algo similar?
– Nos solemos castigar por lo que nos toca, o nos preguntamos por qué nos toca. Tal vez tenemos que dejar el espacio para darnos cuenta que, sobre lo que nos toca, podemos elegir. Una de ellas es optar por los cascos para no perder el cabello. Tenemos una frase en el grupo que es “hoy no es siempre”. Si uno es consciente de eso en el momento más dificil, vamos a poder ver un poquito más allá sabiendo que en algún momento va a terminar. Así como comienza, termina.



Maria Inés. 46 años. Profesora de Educación Física. En 2016 le diagnosticaron cáncer de mama y no conoció en ese momento la existencia de los cascos.
– ¿Cómo fue tu experiencia?
– Comencé con un dolor en el pecho, pensando que era por la actividad física. Los resultados marcaron la enfermedad. Pasé por seis meses de quimioterapia y dos cirugías de mama. Mientras me hacia la quimio, conocí dentro de mi pueblo a otra mujer (Gabriela), embarazada, que también estaba transitando la misma enfermedad que yo. Haberla conocido y haberle transmitido lo que a mi me pasaba me ayudó muchísimo. Juntas, pudimos acompañarnos durante todo el recorrido. Ambas hoy formamos parte hoy de la subcomisión de LIPOLCC (Liga Popular de la Lucha contra el Cáncer).

A una de mis amigas le recomendaron los cascos. Gaby y yo no llegamos a conocerlos durante nuestro tratamiento. Cuando vimos que le dio resultados a ella y que era tan sencillo armar los cascos, nos pusimos de acuerdo para investigar qué era “Quimio con pelo” y ahí surgió todo.

Los cascos de gel se arman en casa y se utilizan durante la quimioterapia para evitar la caída del cabello. Esto se logra por la temperatura de los cascos, que es entre -18º / -20º.

– ¿Cómo llegaste a correr con tu grupo de entrenamiento?
– Llegué para tratar de bajar los 10 kilos demás que me había dejado el tratamiento. Una carrera de montaña es muy similar a un tratamiento de quimio y rayos, porque jamás me imaginé que me iba a pasar a mí de tener cáncer como jamás me imaginé poder correr una maratón.

– El running, ¿te cambió la vida? ¿Qué sentís al cruzar la meta?
– La primera vez que corrí y llegué, quería ya que llegara la próxima. La buena onda y buenas energías de la gente, las ganas de acompañarte, de pasarla de la mejor manera, de ayudarte. La verdad es una hermosa experiencia.

Gabriela. Mamá, esposa, veterinaria, paya médica, estudia lengua de señas. En 2016 le diagnosticaron cáncer de mama y no tuvo la oportunidad de usar los cascos por no saber de su existencia.
Al poco tiempo de enterarse de su tercer embarazo llegó la noticia del diagnóstico. Su hijo Ceferino nace al mes 8, sano, sin ninguna patología consecuente de la quimio.

“No hay nada más lindo que la vida misma, y transitar este cáncer me dejó muchas enseñanzas… La primera es que cáncer no es sinónimo de muerte y en mi caso es sinónimo de Vida… vida que nació, vida para disfrutar, vida para vivirla con lo bueno y con lo malo… pero viviendo… con Fe, con esperanza y siempre Mirando al futuro”, detalla Gabriela en su blog personal.
“Transítalo, enójate, llora, acéptalo, levántate y mira al futuro que aún el horizonte es muy lejano”, finaliza Gabriela. ©

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