La 42ª edición de la tradicional exposición de arquitectura, diseño interior e industria se realiza en el histórico Palacio Molina, donde funcionó la fábrica Alpargatas. Con más de 42 espacios intervenidos y 5.700 metros cuadrados, la muestra propone un encuentro entre el pasado industrial, la innovación y las tendencias que redefinen la vida cotidiana.
En una ciudad que conserva las huellas de su pasado en antiguas fábricas, galpones y edificios patrimoniales, Casa FOA vuelve a demostrar que la arquitectura también puede ser una herramienta para imaginar el futuro. La edición 2026 de la exposición más emblemática del diseño argentino eligió como escenario el Palacio Molina, en el barrio porteño de Barracas, para presentar una propuesta que combina historia, creatividad y nuevas maneras de pensar los espacios cotidianos.
Bajo el concepto de “Alquimia”, la muestra invita a descubrir cómo los materiales, la luz, los colores, el mobiliario y las nuevas tecnologías pueden transformar un ambiente y modificar la experiencia de quienes lo habitan. El recorrido reúne más de 42 espacios distribuidos en una superficie de 5.700 metros cuadrados, con intervenciones de arquitectos, interioristas, diseñadores y profesionales de distintas disciplinas.
La elección de la sede no es un detalle menor. El Palacio Molina, antigua fábrica Alpargatas, conserva la impronta de la arquitectura industrial de fines del siglo XIX, con sus fachadas de ladrillo a la vista, sus grandes arcos y sus techos de más de cuatro metros de altura. En lugar de ocultar esas características, buena parte de las propuestas las incorpora como protagonistas de los proyectos, generando un contraste entre las marcas del tiempo y los lenguajes contemporáneos.
El resultado es una experiencia en la que el edificio deja de funcionar como un simple contenedor para convertirse en parte fundamental de la exposición. Las paredes desgastadas, las estructuras originales y las dimensiones monumentales conviven con muebles de diseño, revestimientos actuales, obras de arte y soluciones pensadas para responder a las necesidades de la vida moderna.
La alquimia de transformar los espacios
La palabra que guía esta edición remite a un proceso de transformación. En Casa FOA, esa idea se traduce en la posibilidad de recuperar elementos existentes, combinar materiales aparentemente opuestos y encontrar nuevas funciones para ambientes tradicionales. La propuesta invita a mirar más allá de la decoración y entender el diseño como una disciplina capaz de relacionar estética, funcionalidad, tecnología y bienestar.
En ese sentido, la materialidad adquiere un papel central. La madera, el hierro, la piedra, el hormigón, los textiles y las superficies de distintas texturas se combinan para crear atmósferas que pueden ser cálidas, sofisticadas, expresivas o minimalistas. La iluminación también ocupa un lugar destacado: no se limita a resolver una necesidad práctica, sino que organiza los recorridos, destaca detalles arquitectónicos y modifica la percepción de cada ambiente.
Otro de los aspectos que atraviesa la muestra es la búsqueda de nuevas experiencias. Los espacios ya no se conciben únicamente para ser observados, sino también para generar sensaciones, favorecer el encuentro y acompañar distintas actividades. El diseño aparece así vinculado con una pregunta cada vez más presente en la arquitectura contemporánea: cómo construir lugares que respondan mejor a las necesidades físicas y emocionales de quienes los utilizan.

Del living tradicional a las nuevas formas de vivir
Uno de los grandes temas de esta edición es la transformación de los ambientes domésticos. El living, la cocina y los espacios de trabajo ya no responden necesariamente a una única función, sino que se adaptan a rutinas más flexibles, en las que el descanso, el encuentro, el entretenimiento y la actividad laboral pueden convivir.
Algunas propuestas exploran muebles continuos y piezas centrales que organizan distintas actividades dentro de un mismo ambiente. En lugar de distribuir objetos independientes para cada uso, plantean soluciones integradas que permiten aprovechar mejor el espacio y establecer nuevas relaciones entre las personas y su entorno.
Las cocinas también refuerzan su condición de núcleo social de la vivienda. Además de resolver las tareas cotidianas, se proyectan como lugares para compartir, conversar y recibir visitas. Las islas centrales, las superficies escultóricas y las circulaciones abiertas contribuyen a integrar este ambiente con el resto de la casa.
En paralelo, los dormitorios, los baños y los espacios destinados al bienestar buscan generar una experiencia más personal. Las formas orgánicas, las texturas, los revestimientos y los recursos lumínicos ayudan a construir atmósferas que invitan al descanso y a la desconexión. La tecnología se incorpora, en muchos casos, sin desplazar la importancia de los materiales ni de la calidad espacial.
La exposición también presta atención a los cambios en el mundo laboral. Los espacios de coworking y los estudios creativos reflejan una manera diferente de entender el trabajo, con sectores para reunirse, intercambiar ideas, concentrarse o desarrollar proyectos individuales. La flexibilidad y la posibilidad de adaptar los ambientes a distintas actividades se convierten en criterios centrales del diseño.
Un diálogo entre patrimonio e innovación
Más allá de las tendencias, uno de los mayores atractivos de Casa FOA 2026 es el vínculo que establece entre la historia del edificio y las intervenciones contemporáneas. La antigua fábrica conserva su identidad industrial, pero adquiere nuevos significados a partir de las propuestas que la recorren.
El espacio de encuentro diseñado por Hugo Di Marco, por ejemplo, trabaja sobre las huellas materiales del lugar y combina filtros verticales de madera con una pieza central destinada a reunir a los visitantes. La intervención no busca borrar el pasado, sino incorporarlo a una nueva experiencia.
En el área de paisajismo, Tomás Nadares propone una relación entre arquitectura, vegetación, agua, arte y mobiliario contemporáneo. La naturaleza aparece como contrapunto de la dureza de los materiales industriales y contribuye a generar una atmósfera diferente dentro del conjunto.
También se destacan las propuestas que reinterpretan el mobiliario y los ambientes tradicionales desde una mirada más expresiva. Las piezas de autor, las composiciones de colores y los elementos ornamentales conviven con estructuras originales, demostrando que la recuperación patrimonial no implica renunciar a la experimentación.
Esta convivencia entre lo antiguo y lo nuevo plantea, además, una reflexión sobre el futuro de las ciudades. La reutilización de construcciones existentes permite explorar nuevos usos para edificios que forman parte de la memoria urbana y demuestra que el patrimonio puede seguir teniendo un papel activo en la vida contemporánea.
Una cita con el diseño argentino
Desde su primera edición, en 1985, Casa FOA se consolidó como un espacio de encuentro entre profesionales, empresas, estudiantes y público interesado en la arquitectura y el diseño. Organizada a beneficio de la Fundación Oftalmológica Argentina Jorge Malbrán, la exposición combina la presentación de tendencias con la posibilidad de conocer materiales, productos y soluciones aplicadas a proyectos concretos.
Con el paso de los años, la iniciativa también amplió su presencia regional, con ediciones en distintas ciudades y países. Su continuidad permite observar cómo evolucionan las preferencias estéticas, las formas de construir y las necesidades vinculadas con el habitar.
La edición del Palacio Molina retoma ese recorrido y propone una mirada que excede la decoración de interiores. La muestra invita a pensar cómo se relacionan los espacios con las personas, qué papel tienen los materiales en la experiencia cotidiana y de qué manera la arquitectura puede recuperar la memoria de un lugar sin quedar detenida en el pasado.
En Barracas, entre ladrillos centenarios, estructuras industriales y ambientes completamente renovados, Casa FOA 2026 convierte esa reflexión en un recorrido abierto al público. Una oportunidad para descubrir tendencias, encontrar ideas aplicables a la propia vivienda y, al mismo tiempo, conocer una parte de la historia arquitectónica de Buenos Aires desde una perspectiva diferente.
La exposición permanecerá abierta hasta el 1 de noviembre, todos los días de 12 a 20, en el Palacio Molina, ubicado en avenida Regimiento de Patricios 1053, Ciudad de Buenos Aires. Una visita que permite recorrer un edificio singular y comprobar cómo el diseño puede funcionar como puente entre la memoria, la innovación y las nuevas formas de habitar. ©


