Durante un fin de semana, Buenos Aires cambia de perspectiva. Casas particulares, palacios, edificios históricos, estudios de arquitectura y obras contemporáneas que habitualmente pasan inadvertidas abren sus puertas para ser recorridos. Open House vuelve el 3 y 4 de octubre, con cientos de espacios para descubrir la ciudad desde adentro.

Hay edificios por los que pasamos todos los días sin saber qué esconden detrás de sus puertas. Fachadas que forman parte del paisaje porteño, pero cuyos interiores permanecen reservados para quienes viven, trabajan o tienen algún motivo especial para ingresar. También existen casas que parecen comunes desde la calle y que, una vez atravesado el umbral, revelan patios inesperados, escaleras, jardines, terrazas o detalles arquitectónicos que cuentan una parte de la historia de Buenos Aires.
Una vez por año, Open House propone abrir esas puertas y convertir a la ciudad en un enorme recorrido arquitectónico. La próxima edición de Open House Buenos Aires será el sábado 3 y el domingo 4 de octubre de 2026, con una programación que reúne más de 200 propuestas entre edificios, viviendas, espacios culturales, instituciones, recorridos urbanos y circuitos en bicicleta.
La idea nació hace más de tres décadas en Londres, cuando en 1992 se realizó la primera edición de Open House London. El concepto era tan sencillo como atractivo: permitir que cualquier persona pudiera ingresar gratuitamente a edificios de interés arquitectónico que normalmente no están abiertos al público. La iniciativa se multiplicó después por distintas ciudades del mundo y llegó a Buenos Aires en 2013, convirtiendo a la capital argentina en la primera ciudad latinoamericana en formar parte de esta red internacional.
Desde entonces, Open House Buenos Aires fue creciendo hasta transformarse en una de las experiencias más particulares para descubrir la ciudad. La propuesta no está pensada solamente para arquitectos, estudiantes o especialistas. Por el contrario, uno de sus objetivos centrales es acercar la arquitectura a todos y demostrar que una ciudad también puede conocerse a través de sus edificios, sus materiales, sus espacios interiores y las historias de quienes los habitaron.

Las joyas del año

Entre los grandes protagonistas de la edición 2026 vuelve a estar la Galería y Mirador Güemes, sobre Florida 165. Diseñada por el arquitecto italiano Francesco Gianotti y terminada en 1915, es una de las construcciones más singulares del centro porteño. Su galería comercial, sus antiguos espacios residenciales y de oficinas y, especialmente, su mirador convierten al edificio en uno de los puntos más buscados de Open House.
Otro de los clásicos será el Palacio Barolo, sobre Avenida de Mayo. La monumental construcción diseñada por Mario Palanti y terminada en 1923 es una de las obras más reconocibles de Buenos Aires y uno de los edificios donde arquitectura, historia y simbolismo aparecen estrechamente relacionados. La visita permite volver a observar desde adentro un edificio que forma parte inseparable de la identidad de la avenida.
También estará presente la Casa Bolívar, conocida como Casa de los Dragones, en el barrio de Monserrat. La vivienda conserva elementos que permiten imaginar cómo era esa zona de la ciudad a fines del siglo XIX y principios del XX y forma parte de ese grupo de construcciones que, aunque pueden pasar desapercibidas desde la vereda, adquieren otra dimensión cuando se conocen sus interiores y su historia.
La arquitectura institucional tendrá también su espacio. En Avenida Rivadavia 1745 se podrá visitar la sede de la Auditoría General de la Nación, un edificio construido originalmente en 1904 que fue concebido como sede del Instituto Biológico Argentino. Su fachada de inspiración veneciana y el particular reloj de autómatas que corona la construcción son algunos de sus elementos más llamativos.

No todo es pasado

Pero Open House no mira solamente hacia el pasado. Una de las características que fue adquiriendo el festival con el paso de los años es la incorporación de edificios contemporáneos que permiten observar hacia dónde está creciendo Buenos Aires.
Entre ellos aparece el Campus Di Tella, en Belgrano, un conjunto arquitectónico que reúne edificios destinados a la actividad universitaria y espacios comunes organizados alrededor de una plaza central. El proyecto incorpora trabajos de Adamo Faiden, Josep Ferrando Architecture y RDR Arquitectos y propone una relación diferente entre los edificios educativos, el espacio abierto y la vida urbana.
También se podrá conocer el proyecto de viviendas de Céspedes, en Colegiales, una obra contemporánea que plantea nuevas formas de habitar a partir de una estructura flexible. Este tipo de incorporaciones permite que el festival funcione también como una fotografía de la Buenos Aires que se está construyendo ahora, más allá de sus edificios históricos.
La arquitectura moderna tendrá otro de sus puntos de interés en los Ateliers, los estudios para artistas y locales comerciales vinculados al Grupo Austral. Construidos en 1939, reúnen locales, estudios de doble altura y terrazas-jardín y constituyen un ejemplo particularmente interesante de la arquitectura moderna porteña.


Mucho más que arquitectura

La programación también permitirá salir del recorrido estrictamente arquitectónico. Habrá circuitos urbanos y recorridos en bicicleta para quienes prefieran conocer distintos sectores de la ciudad mientras avanzan entre edificios y espacios públicos. A esto se sumarán exposiciones, música en vivo, proyecciones y otras actividades vinculadas con la cultura urbana.
Entre las propuestas se encuentra Open Sessions Live, que tendrá como escenario el Edificio Corporativo Banco Macro, sobre la avenida Eduardo Madero. La actividad combinará música en vivo con una de las perspectivas panorámicas que ofrece ese sector de la ciudad. También habrá una nueva proyección de la miniserie documental “Buenos Aires: la ciudad continua”, que propone recorrer diferentes aspectos de la arquitectura y el desarrollo urbano porteño.
Otra de las novedades de 2026 será la participación de la Sociedad Central de Arquitectos, en Montevideo 938. Su sede ocupa dos petit hotels construidos durante la década de 1920 que fueron adaptados para funcionar como institución, con oficinas, biblioteca, auditorio y espacios de exposición. El edificio conserva buena parte de sus características originales y suma otra mirada sobre la evolución arquitectónica de la ciudad.

Arranca la inscripción

Para quienes quieran participar, hay un dato importante: aunque Open House es gratuito, no todas las actividades funcionan de la misma manera. La mayor parte de los edificios se visita por orden de llegada y de acuerdo con la capacidad de cada espacio. Sin embargo, 22 propuestas de esta edición requieren inscripción previa porque cuentan con cupos limitados. Las reservas se habilitan el miércoles 23 de septiembre a las 10 y se realizan a través de Eventbrite. En algunas de las visitas más buscadas, los lugares suelen agotarse rápidamente.


El resto de las propuestas no requiere reserva, aunque la organización recomienda consultar previamente el catálogo oficial para conocer horarios, condiciones de ingreso y ubicación de cada edificio. También resulta conveniente armar el recorrido con anticipación, ya que la cantidad de propuestas permite combinar diferentes visitas dentro de un mismo barrio y aprovechar mejor las dos jornadas.
Hay algo especialmente interesante en Open House: no hace falta conocer de arquitectura para disfrutarlo. Muchas veces alcanza con la curiosidad. Con mirar una escalera que normalmente no se ve, entrar a una casa que siempre estuvo enfrente, subir a una terraza, descubrir un patio escondido o conocer la historia detrás de una fachada por la que se pasó cientos de veces.
Durante dos días, Buenos Aires deja de ser solamente el escenario cotidiano y se convierte en objeto de exploración. Los mismos edificios, las mismas calles y las mismas avenidas adquieren otra dimensión cuando se los observa desde adentro.
El 3 y 4 de octubre, la ciudad vuelve a abrir sus puertas. Y quizás el mayor atractivo de Open House no sea solamente descubrir edificios desconocidos, sino comprobar que todavía quedan muchos lugares de Buenos Aires capaces de sorprender incluso a quienes creen conocerla de memoria. ©

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