Maternidad y puerperio

Como afrontar un período tan importante

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La llegada de un bebe a un grupo familiar tiene múltiples implicancias, desde lo individual, tanto para madre, padre y hermanos, como para el funcionamiento familiar pensándolo como sistema, con sus diferentes repercusiones.
Se mezclan sentimientos muy fuertes de amor, ilusión, esperanza.  También temor al porvenir, mayor responsabilidad, miedo a lo desconocido y se pone en juego el sentimiento narcisista de los protagonistas.
El puerperio es el período de tiempo y sucesos que transcurre desde el nacimiento mismo a los dos años siguientes, con distintos estados físicos en la mujer, que incluye la reacomodación del propio cuerpo después del embarazo y la adaptación materna al cuidado del bebe recién nacido, sumados los ajustes del grupo familiar a esta situación innovadora y de múltiples requerimientos que se presenta.
El parto es siempre, en cierta medida, enigmático y preocupante, con las singularidades de cada caso:
1. Parto por canal uterino (vía baja) con episiotomía o no, con analgesia o no, según lo que se decida en el momento y acorde en general a las necesidades y posibilidades,
2. Cesárea, programada con antelación por diferente razones, o realizada por necesidades aparecidas en el momento  (falta de dilatación, sufrimiento del bebe, o alguna otra complicación de la madre o del bebe).

Ya sea que el parto resultara de breve duración o complicado y extenso, con buen grupo de ayuda médica o no tanto, hay mucho para pensar y para recuperarse ya que en cualquier caso resulta impactante y demandante de mucha energía para la madre. No solo de energía psíquica, para afrontar la situación, confiar en el grupo médico, dejar de lado miedos propios de la experiencia de cada uno (al sufrimiento, a la anestesia, a la propia capacidad y a la capacidad del entorno médico, etc.), también requiere energía física.
En cualquier caso, exige de la mamá que  transite, ella y nadie más,  el dolor físico real, ante cambios corporales inquietantes (movimientos del bebe en la panza, dificultades para respirar pasajeras pero posiblemente angustiantes, ritmos cardiacos cambiantes, etc.).
Y en medio de todo esto, la explosión de amor, la hermosa sorpresa del nacimiento, la conmovedora presencia del niño que nace. Este momento único, personal, apasionante, como tal resulta desestructurante. Suele dejar las antiguas prioridades vaciadas de sentido o por lo menos cuestionadas. Corre el eje del sentido de la vida, personal y familiar, abre un espacio de enigma que requiere mucha paciencia, tiempo y reflexión personal y grupal para reacomodar la vida, para reorganizarse. Hay que revaluar y resignificar elementos que antes eran tenidos como muy valiosos.



Por supuesto que este torbellino de pasión y emoción es en sí mismo angustiante, porque cambia las direcciones de los proyectos vitales y porque abre temores o significa aspectos que antes no conocíamos.  Lleva tiempo ganar confianza en nosotros mismos como padres y acallar miedos que aparecen en situaciones de gran amor y responsabilidad como es la maternidad y la paternidad. Además, implica pensar un inicio de crianza conjunta con aquellos que nos rodean, lo que requiere de acuerdos, pactos, comunicación y paciencia, siempre mucha paciencia.
En el caso de la mujer puérpera, se le suma la responsabilidad de amamantar, o alimentar a su bebe por otros medios. Empezar a conocer sus tiempos, y acompañarlo en el inicio de la vida extrauterina. Todo esto mientras ella misma se recupera del cansancio del parto, de los dolores de la episiotomía o de la cesárea.  A su vez,  se reajusta a nivel hormonal. Aquellas actividades de placer que solía realizar, probablemente queden alteradas: desde lo más simple a lo más complejo, se ve afectado por la nueva situación (ir al cine, leer tranquilamente, salir a caminar o practicar una actividad deportiva, escapada de vacaciones, o incluso la vida sexual), se ven provisoriamente suspendidas o postergadas por un tiempo.
La vida laboral y las ocupaciones que tenía antes del nacimiento del bebe, también deben quedar transitoriamente de lado, porque en este momento la prioridad es el cuidado del niño y de sí misma, en un clima de distención, confort y tranquilidad.
La red de afectos que rodean a la madre y al padre es fundamental. La contención  positiva y favorable es la que acompaña y ofrece ayuda, en aquello que pidieran los padres, sin imponer estilos sino esperando pedidos y siempre respetando los tiempos de los protagonistas. Hay muchas maneras de transitar un buen puerperio, es la mama la que debe encontrar el que más se ajusta a sus necesidades, y es en esto que el grupo debe acompañarla y respetarla.
Se trata de un período de cambio, crecimiento, realización y mucho amor. ©

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