Por primera vez en Sudamérica, una exposición reúne en Buenos Aires objetos personales, fotografías, cartas, vestimentas y piezas vinculadas a Frida Kahlo. “Viva Frida” llegará al Malba en el marco de los 25 años del museo y permitirá descubrir a la artista mexicana más allá de sus célebres autorretratos.
Frida Kahlo convirtió su propia vida en materia de arte. Su cuerpo, sus dolores, sus amores, sus raíces mexicanas, sus conflictos y hasta la ropa que elegía vestir formaron parte de una identidad que terminó transformándola en uno de los grandes íconos culturales del siglo XX. Ahora, buena parte de ese universo íntimo llegará a Buenos Aires con “Viva Frida”, una exposición que abrirá sus puertas en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y que podrá visitarse entre el 20 de septiembre de 2026 y el 15 de marzo de 2027.
La muestra será presentada por SAC, Semana de la Alta Costura Argentina, y el Museo Frida Kahlo de México, bajo la dirección general de Elina Costantini y con curaduría de la especialista Circe Henestrosa, junto con la asesoría curatorial de Gannit Ankori. La llegada de la exposición coincide además con los festejos por los 25 años del Malba y representa su primera presentación en Sudamérica.
Más de 365 piezas forman parte del proyecto: objetos personales, vestimentas, accesorios, aparatos ortopédicos, fotografías, cartas, documentos y material de archivo que permiten acercarse a una Frida diferente. No solamente a la pintora que aparece en los libros de arte, sino también a la mujer que construyó cuidadosamente su propia imagen y convirtió su apariencia en una forma de expresión.
La ropa como identidad
Uno de los ejes centrales de “Viva Frida” es la relación entre vestimenta y autorrepresentación. Para Kahlo, vestirse nunca fue una cuestión exclusivamente estética. Sus elecciones estaban vinculadas con su identidad mexicana, su relación con la cultura popular, su posición política y también con la manera en que enfrentaba las limitaciones físicas que la acompañaron durante buena parte de su vida.
Los tradicionales vestidos tehuanos, las joyas, los tocados y los accesorios que utilizaba se convirtieron en parte inseparable de la imagen que construyó de sí misma. La exposición permite observar cómo esa indumentaria podía funcionar al mismo tiempo como declaración cultural, herramienta política y una suerte de armadura frente a un cuerpo marcado por el dolor.
Entre los objetos que llegan desde el universo de la Casa Azul aparecen trajes, corsés ortopédicos, accesorios, dibujos y fotografías, piezas que permiten entender cómo la artista utilizó su cuerpo y su apariencia como parte de su lenguaje creativo.
La importancia de estos objetos crece cuando se recuerda que buena parte de ellos permaneció guardada durante décadas. En 2004, los espacios cerrados de la Casa Azul fueron abiertos y allí apareció una enorme cantidad de pertenencias de Frida: ropa, documentos, fotografías, cosméticos, joyas y elementos relacionados con los tratamientos y operaciones que atravesó. Ese conjunto modificó la manera de estudiar y comprender a la artista.

Una vida atravesada por el dolor
Magdalena Carmen Frida Kahlo nació en Coyoacán, México, en 1907. Desde muy joven su vida estuvo marcada por problemas de salud. A los seis años contrajo poliomielitis, una enfermedad que afectó una de sus piernas.
Pero el episodio que cambiaría definitivamente su vida ocurrió el 17 de septiembre de 1925, cuando el autobús en el que viajaba chocó con un tranvía. Frida tenía entonces 18 años y sufrió graves lesiones en la columna vertebral, la pelvis y otras partes del cuerpo. Pasó largos períodos inmovilizada y atravesó numerosas operaciones a lo largo de su vida.
“Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco”, podría resumir el espíritu de una producción artística en la que el propio cuerpo se transformó en territorio de exploración.
Fue durante una de aquellas convalecencias cuando comenzó a pintar con mayor intensidad. Su madre colocó un espejo sobre la cama para que pudiera verse y Frida comenzó a realizar autorretratos. El resultado sería una de las características más reconocibles de su obra.
La propia Casa Azul conserva todavía la cama y el espejo relacionados con ese período, además de muletas, corsés y otros elementos que permiten reconstruir la dimensión física de la vida de la artista.
Frida y Diego: un amor que también fue parte de su obra
En 1929, Frida se casó con Diego Rivera, uno de los grandes muralistas mexicanos. La relación fue intensa, apasionada y conflictiva. Hubo infidelidades, separaciones, un divorcio y una segunda unión.
Rivera tuvo una enorme influencia en la vida de Frida, pero también fue una presencia permanente en su obra. La relación aparece una y otra vez en sus pinturas, fotografías y escritos.
En “Viva Frida”, esa dimensión también estará presente a través de algunas de las obras más importantes vinculadas con la colección Malba-Costantini.
Entre ellas se encuentra “Autorretrato con chango y loro”, realizado en 1942, una de las piezas emblemáticas de la colección. También estará “Diego y yo”, de 1949, considerado el último autorretrato de busto que Frida pintó antes de su muerte y una de las obras más importantes del arte latinoamericano contemporáneo. En 2021, esta pintura alcanzó un récord histórico para una obra de arte latinoamericano vendida en subasta.
La exposición también incorpora la litografía “Sin título (El aborto)”, de 1932, vinculada con uno de los temas más dolorosos y personales de la trayectoria de Kahlo.
Así, las obras dialogarán con los objetos personales: la pintura con el vestido, el autorretrato con la fotografía, el cuerpo representado con el corsé que alguna vez sostuvo ese mismo cuerpo.

Una artista que nunca dejó de construir su propia imagen
Frida Kahlo murió en la Casa Azul el 13 de julio de 1954, pocos días después de cumplir 47 años. Para entonces ya había construido una identidad artística completamente diferente de la de cualquier otra figura de su época.
Durante mucho tiempo fue conocida principalmente como la esposa de Diego Rivera. Décadas después, especialmente a partir de los años setenta, su figura comenzó a ser recuperada desde nuevas perspectivas y su obra adquirió una dimensión internacional.
El feminismo, los estudios de género y las nuevas miradas sobre el cuerpo y la identidad contribuyeron a redescubrirla. Sus autorretratos comenzaron a ser interpretados no solamente como pinturas autobiográficas, sino como una compleja construcción de identidad.
Frida entendió antes que muchos otros artistas el poder de la imagen personal. Sus cejas, sus vestidos, sus flores, sus joyas y su peinado terminaron formando parte de una especie de firma visual.
La exposición plantea que cada vestido, cada accesorio, cada fotografía y cada objeto puede ser leído como una pieza de un enorme autorretrato. Una forma de entender cómo una mujer que vivió buena parte de su existencia atravesada por el dolor consiguió convertir aquello que la limitaba en una fuente de identidad y creación.
La Casa Azul llega a Buenos Aires
La Casa Azul, ubicada en Coyoacán, fue el centro de la vida de Frida. Allí nació, vivió durante distintos períodos y finalmente murió. También fue el lugar que compartió con Diego Rivera y que terminó convirtiéndose en museo después de su muerte.
Desde su inauguración en 1958, el Museo Frida Kahlo conserva pinturas, fotografías, muebles, documentos, vestidos, joyas, objetos de arte popular, juguetes y elementos de uso cotidiano que pertenecieron a la pareja.
Ese universo doméstico resulta fundamental para comprender a Frida. No se trata solamente de objetos antiguos: son piezas que muestran sus gustos, sus vínculos, su relación con México y la manera en que construyó el ambiente que la rodeaba.
“Viva Frida” toma parte de ese patrimonio y lo traslada a Buenos Aires para ponerlo en diálogo con algunas de las obras de Kahlo que ya forman parte de la colección Malba-Costantini.

Una visita para mirar a Frida de otra manera
La exposición estará instalada en el Malba, Avenida Figueroa Alcorta 3415, y abrirá al público desde el 20 de septiembre de 2026 hasta el 15 de marzo de 2027. La inauguración oficial será el sábado 19 de septiembre a las 19 horas.
El museo informó que podrá visitarse de jueves a lunes de 12 a 20 horas y los miércoles de 11 a 20, mientras que los martes permanecerá cerrado. También habrá visitas guiadas los miércoles, viernes y sábados a las 17 horas.
“Viva Frida” llega así en un momento especial para el Malba, que durante 2026 celebra sus 25 años. Pero también representa una oportunidad poco habitual: acercarse a una de las artistas más reproducidas, fotografiadas y reinterpretadas del mundo a través de aquello que normalmente queda fuera de las paredes de un museo.
Porque detrás de la Frida de los autorretratos, de las flores y de las cejas unidas, existió una mujer que coleccionaba objetos, elegía cuidadosamente su ropa, escribía cartas, enfrentaba operaciones, construía su identidad y transformaba cada experiencia en materia artística.
Esta vez, Buenos Aires podrá entrar en ese universo. ©
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