La Infartoneta

Cuando juega Argentina, también juega el cuerpo. El impacto del Mundial en la salud física y emocional de millones de personas.

El Mundial transforma al país durante un mes. Cambian los horarios, las rutinas, las conversaciones y hasta el estado de ánimo de millones de personas. La pasión por la Selección genera una montaña rusa de emociones que va desde la euforia absoluta hasta la angustia más profunda. Pero mientras toda la atención está puesta en lo que sucede dentro de la cancha, la ciencia lleva años estudiando otro partido: el que se juega puertas adentro del organismo. Estrés, ansiedad, alteraciones del sueño, cambios en la presión arterial e incluso un mayor riesgo cardiovascular forman parte de un fenómeno que cada Copa del Mundo vuelve a poner bajo la lupa.

Un país que late al ritmo de la Selección

Hay pocos acontecimientos capaces de detener a la Argentina como un Mundial de fútbol. Las calles se vacían durante los partidos, las oficinas modifican sus horarios, los colegios organizan transmisiones especiales y las reuniones familiares se planifican según el calendario de la FIFA. Durante algunas semanas, el país parece sincronizar sus emociones alrededor de un único objetivo.
Lo que para muchos es simplemente un entretenimiento, para la medicina y la psicología representa un interesante laboratorio social. Las emociones intensas que despierta cada encuentro tienen efectos concretos sobre el organismo, especialmente cuando el resultado se define en los últimos minutos o mediante una tanda de penales.
Nuestro cerebro no distingue del todo entre una amenaza real y una situación de enorme carga emocional. Por eso, cuando Lionel Messi ejecuta un penal decisivo o cuando el rival se acerca al arco argentino en tiempo suplementario, el organismo pone en marcha el mismo mecanismo biológico que utilizaría frente a una situación de peligro.
La frecuencia cardíaca aumenta, la presión arterial se eleva, se liberan adrenalina y cortisol y los músculos permanecen en estado de alerta. Es una respuesta completamente normal, pero cuando se prolonga o se suma a enfermedades preexistentes puede convertirse en un factor de riesgo.

Mucho más que nervios

Sentir ansiedad antes de un partido importante es una experiencia compartida por millones de personas. Algunos reconocen que les cuesta dormir la noche anterior. Otros pasan toda la jornada pendientes de las noticias, revisando posibles formaciones o imaginando distintos escenarios.
Los psicólogos explican que esto ocurre porque el fútbol despierta un fuerte sentimiento de pertenencia. El cerebro incorpora a la Selección como parte de la identidad personal y colectiva. Cuando el equipo gana, aparece una sensación de recompensa; cuando pierde, muchos experimentan frustración, tristeza o incluso una especie de duelo deportivo.
La cobertura permanente de los medios y el impacto de las redes sociales potencian todavía más ese fenómeno. Las discusiones sobre táctica, las opiniones de los periodistas, los memes y las publicaciones de amigos mantienen al cerebro conectado con el Mundial prácticamente las veinticuatro horas del día, dificultando que el nivel de activación emocional disminuya.
No es casual que durante los grandes torneos aumenten las consultas relacionadas con cuadros de ansiedad, insomnio o crisis de estrés en personas especialmente sensibles.

Cuando el corazón también entra en juego

Uno de los aspectos que más interés despierta entre los investigadores es la relación entre los grandes eventos deportivos y la salud cardiovascular.
Diversos estudios realizados en Europa, Asia y América detectaron un incremento en las consultas por infartos, arritmias y otros eventos cardíacos durante partidos decisivos de fútbol. En Argentina, una investigación desarrollada durante el Mundial de Brasil 2014 registró un aumento de los eventos cardiovasculares atendidos en comparación con períodos similares sin competencia mundialista.
Los especialistas son claros al respecto: mirar un partido no produce un infarto por sí solo. Sin embargo, una emoción extrema puede actuar como desencadenante en personas con hipertensión, enfermedad coronaria, antecedentes cardíacos, diabetes o múltiples factores de riesgo.
A esto suele sumarse otro componente habitual de los encuentros mundialistas: comidas abundantes, consumo excesivo de alcohol, cigarrillos, pocas horas de sueño y largas jornadas de sedentarismo frente al televisor. La combinación de todos estos factores puede incrementar el riesgo en determinados pacientes.

 


El lado positivo de una pasión compartida

Pero reducir el Mundial únicamente a sus riesgos sería contar apenas una parte de la historia.
Desde la psicología social existe un amplio consenso acerca de los beneficios que generan las celebraciones colectivas. Compartir un partido con familiares, amigos o vecinos fortalece los vínculos, disminuye la sensación de soledad y favorece la liberación de neurotransmisores relacionados con el bienestar, como la dopamina y la oxitocina.
El abrazo después de un gol, la emoción de cantar el himno o la alegría de una victoria producen un efecto difícil de medir únicamente con estadísticas. Son experiencias que fortalecen el sentido de pertenencia y construyen memoria colectiva.
La obtención de la Copa del Mundo en Qatar 2022 dejó una imagen difícil de olvidar: millones de argentinos coparon las calles para celebrar uno de los mayores acontecimientos deportivos de la historia nacional. Más allá del fútbol, numerosos especialistas interpretaron ese fenómeno como una enorme descarga emocional colectiva, capaz de generar sentimientos de esperanza, unión y optimismo en un contexto social complejo.
Incluso existen investigaciones que muestran que participar de eventos comunitarios y fortalecer los vínculos sociales tiene efectos positivos sobre la salud mental y puede contribuir a disminuir el estrés crónico, uno de los factores de riesgo más importantes de la vida moderna.

Cómo vivir el Mundial de manera saludable

Los especialistas coinciden en que no se trata de vivir el Mundial con menos pasión, sino de hacerlo con mayor conciencia.
Dormir bien antes de los partidos, moderar el consumo de alcohol, evitar fumar en exceso, mantenerse hidratado, realizar algo de actividad física durante el día y continuar con los tratamientos médicos habituales son recomendaciones simples que pueden marcar una gran diferencia.
Quienes tienen antecedentes cardiovasculares también deberían evitar suspender medicación por las reuniones o los viajes, controlar regularmente la presión arterial y consultar rápidamente ante síntomas como dolor en el pecho, falta de aire, mareos intensos o palpitaciones persistentes.

Un fenómeno que va mucho más allá del deporte

Cada Mundial confirma algo que los argentinos conocen desde hace décadas: el fútbol no es solamente un espectáculo. Es una experiencia emocional capaz de modificar comportamientos, fortalecer vínculos y movilizar sentimientos que pocas actividades consiguen despertar.
La ciencia demuestra que esa pasión deja huellas en el organismo. Algunas son positivas, como la sensación de pertenencia, la alegría compartida y el fortalecimiento de los lazos sociales. Otras invitan a la prudencia, especialmente entre quienes presentan enfermedades previas o factores de riesgo.
Quizás esa sea la mayor enseñanza. El Mundial puede acelerar el corazón, alterar el sueño y mantener la ansiedad al máximo durante noventa minutos. Pero también puede recordarnos el enorme valor de compartir, emocionarnos y sentir que, por un instante, todo un país late al mismo ritmo. Y pocas cosas, además del fútbol, tienen la capacidad de generar un fenómeno semejante. ©

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