Luchar por la Justicia

La historia de Susana Trimarco, la mujer que desde hace diez años busca a su hija, es hoy un emblema de la lucha contra la trata de personas en el país. El ejemplo de una lucha diaria por la justicia y los derechos humanos.
Susana Trimarco es por sobre todas las cosas una madre a la que de un momento a otro la vida le cambió por completo. Una luchadora. Una mujer que, por su hija, se enfrentó y enfrenta a cuanta persona tenga que hacerlo, dejando de lado el miedo, priorizando la fuerza. Alguien que no baja los brazos porque tiene un propósito, que en principio tuvo como protagonista a su hija Marita y que al cabo de un tiempo se extendió a todas las víctimas de trata de personas. Este propósito apunta directa e incisivamente a acabar con este delito, a erradicar las redes de trata de nuestro país, a poder recuperar a todas las chicas que se encuentran secuestradas. Es así como, desde hace varios años, su nombre es uno de los pilares de la lucha contra la trata de personas en Argentina.
María de los Ángeles Verón, ‘Marita’, tenía 23 años y esperaba terminar la licenciatura en arte. La mañana del 3 de abril de 2002 dejó a su hija con su marido para ir a la maternidad a pedir un turno. Cuando Susana se dio cuenta de que su hija estaba tardando demasiado empezó a preocuparse. Pensó que algo malo le había sucedido, que había tenido un accidente, tenía un mal presentimiento. Comentó esta preocupación a su marido, Daniel, quien salió a la búsqueda de Marita, pero, a pesar de sus esfuerzos, no encontró ningún indicio de ella. En principio se dirigieron a la comisaría, donde no quisieron tomarles la denuncia porque, según les dijeron, “había que esperar un día”. Agotaron las instancias posibles, pero Marita no aparecía. Durante la primera semana no sabían a dónde dirigirse, era una búsqueda sin datos, al azar. Se contactaron con medios de comunicación y pronto, la cara de Marita empezó a hacerse visible.
Una noche, con una foto de Marita bajo el brazo, esa que su madre nunca dejó y convirtió en su estandarte, Susana y Daniel fueron al Parque 9 de Julio, la zona roja de la ciudad de Tucumán, y empezaron a hablar con las prostitutas. Una de ellas reconoció el rostro de la joven y dijo saber qué había pasado con Marita: había sido vendida a un prostíbulo de La Rioja. Susana no podía creer los dichos de la mujer, pensaba que estaba mintiendo, que algo así no le podía estar sucediendo a su hija. Pero era la única pista firme que tenían así que decidieron investigarla.

Poco a poco fue haciéndose a la idea de que esa era su nueva realidad y tenía que ponerse firme y luchar contra uno de los delitos más oscuros y peligrosos que existen, la trata de personas. Por su hija, porque ella no tenía la culpa, porque Marita fue y es una víctima de una red siniestra; por ella y por todas las chicas que están en la misma situación, en lugar de llorar Susana eligió pelear.

Su lucha comenzó con la desaparición de su hija. Desde entonces, Susana ha tenido que golpear muchas puertas y no todas le fueron abiertas. Fueron años en los que se trabajó mucho. En principio en la causa de Marita, recopilando información, investigando cómo sucedieron los hechos, buscando y encontrando testigos. Paralelamente, comenzó la lucha contra la trata de personas, gracias a la que se clausuraron prostíbulos, se recuperaron chicas y se dio origen a la “Fundación María de los Ángeles”.
La Fundación surgió a partir del encuentro de una madre con un mundo que desconocía y al que la vida la condujo. Desde allí, Susana y su gente ayudan a rescatar y reinsertar en la sociedad a las víctimas de la trata de personas. Son una organización que nació para luchar contra el delito de trata con fines de explotación sexual y asiste gratuitamente de forma integral a las víctimas de este flagelo social brindándoles asistencia legal y psicológica, a las víctimas y sus familias, además de asistencia social; también realiza prevención mediante charlas a la comunidad y capacita a jueces, fiscales y fuerzas policiales.
El objetivo de la Fundación radica en judicializar las causas de las víctimas de Trata de Personas, aplicando la Ley 26.364 de ‘Sanción, Prevención y Asistencia Integral’; brindar a las víctimas potenciales contención psicológica para prevenir la inminente exposición a este flagelo y ofrecer a las víctimas de Trata la posibilidad de elaborar, a través de la terapia, las situaciones traumáticas vividas. Además cumplen con realizar un relevamiento social que permita detectar sus carencias y gestionar sus necesidades para lograr la asistencia integral, como lo prevé la ley.
Desde sus comienzos, la Fundación fue visitada por muchas personas que se acercaron en busca de ayuda, gente cuyos familiares se encuentran desaparecidos, algunos que denuncian algún prostíbulo o tienen información y quieren brindarla, y otros se acercan para brindar su apoyo, para colaborar y dar fuerzas. “Actuamos dependiendo del caso, funcionamos a veces como un nexo entre el denunciante y la entidad a la que le corresponda ese hecho, brindamos asistencia psicológica, legal y/o social, investigamos en base a los datos que nos aportan, acompañamos a las familias, capacitamos a personas en caso de necesitarlo, damos charlas preventivas, les brindamos información si es que así lo requieren, y por sobre todas las cosas, tratamos de que este delito tenga cada día un poco más de difusión, porque es una herramienta fundamental para que podamos hacerlo desaparecer. Es necesario que todos seamos conscientes para lograr eliminarlo”, aseguran sus integrantes.

Hoy, a más de diez años del comienzo de esta historia, Susana dedica su vida íntegramente a luchar contra la trata de personas, desde que se levanta hasta que se acuesta, todas sus acciones son en base a esto.

Durante los últimos meses, al estar transcurriendo el juicio contra los acusados por el secuestro y la desaparición de Marita, se encuentra focalizada en eso, sin descuidar de todas maneras la fundación y los demás casos que en ella se investigan. Susana pelea para que se haga justicia, para que quienes hicieron padecer este flagelo a Marita, paguen por ello y vive con la esperanza de poder llegar a dar con su paradero. Además, cuida de su nieta Micaela, la protege y está con ella todos los días, acompañándola en el rol de madre, sin confundir ninguna de ellas que son abuela y nieta.
Susana, era una persona común que un día, sin quererlo, dejó de serlo para transformarse en un emblema no solo en Argentina, sino en el mundo. Este delito empezó a tomar preponderancia en los medios y en el conocimiento de la gente común gracias a su lucha interminable. Por su tarea recibió los premios “Mujeres de coraje” del Departamento de Estado de los Estados Unidos, “Domingo Faustino Sarmiento” a las mujeres destacadas otorgado por el Senado de la Nación Argentina y este año fue aceptada su candidatura para el Premio Nobel de la Paz de 2013. No obstante, aún no recibió el premio que desea, aquel que busca hace diez años, el único por el que su lucha continúa. Porque por sobre todas las cosas Susana es madre y espera, anhela reencontrarse con Marita, no pierde las esperanzas ni baja los brazos y sueña con ese momento desde hace más de diez años. Vive, hace y siente por ella. ©

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