El sueño de un hombre

El 19 de Junio, el Teatro Central levantó el telón por primera vez.
Para los habitantes de Canning era un proyecto largamente esperado. Para Osvaldo Salí, alma mater del teatro, era la concreción del sueño de toda su vida.
Alguna vez dijimos que Canning estaba lleno de locos. Son locos lindos, interesantes…de esos que sueñan grandes obras creyendo que Canning era un lugar en el cual valía la pena intentarlo. ¿Intentar qué? La respuesta es amplia: desarrollar un country, fundar un colegio, editar una revista, construir un shopping, instalar una radio, gerenciar un hotel... empresas que podían haber hecho en cualquier lugar del mundo, pero ellos se animaron a hacerlo en este ignoto lugar, aportando su granito de arena (y su dinero) para que Canning se transforme en el polo urbano que hoy atrae nuevos habitantes y más inversiones.
Osvaldo Salí es uno de esos locos, que un día llegó a Canning por cuestiones laborales y se enamoró tanto de este lugar que compró un campo para desarrollar un club de campo. Y mientras comenzaba con las obras de infraestructura de Lagos de Canning, un sueño que acariciaba hacia largo tiempo comenzó a tomar forma: fundar un teatro.
Para eso, buscó el mejor lugar de todo Canning para instalar una sala teatral y lo encontró en Plaza Central, un lugar que por su arquitectura y entorno, daba el marco ideal para el teatro.

La sala en cuestión es el flamante Teatro Central, que se inauguró la noche del 19 de Junio. Lo hizo, como debía ser, a lo grande. Con una función de gala del genial Iñaki Urlezaga (padrino de la sala) estrenando escenario con su espectáculo Aires de Tango.

Se trata de un teatro con capacidad para 500 localidades, con la infraestructura más completa: cinco camarines y equipamiento de iluminación, sonido e imagen de última generación. Un detalle que arrastra historia: las impecables butacas que hoy reciben a los espectadores fueron adquiridas en la demolición del Cine Atlas, y retapizadas artesanalmente en color lavanda.
“El teatro no es un negocio más para mi”, dijo Osvaldo con ese tono tranquilo que lo caracteriza, aún cuando en el coctel de inauguración se respiraba la adrenalina típica de un estreno. “Es algo que me llena el alma. El teatro tiene un cariz cultural y social que creo que a Canning le estaba faltando. A muchos les parece que todavía falta gente, que esta sala está sobredimensionada… pero creo que no es así. Además de Canning, hay muchísima gente de Monte Grande, Ezeiza, Cañuelas, San Vicente o Adrogué que van a poder disfrutar de un teatro de esta categoría y una cartelera de calidad con las mejores obras de la calle Corrientes sin tener la necesidad de ir al centro”.
La realidad le demostró a Osvaldo que no estaba equivocado: las entradas para las funciones de Iñaki se agotaron, y quedan pocas localidades para las obras que que ya figuran anunciadas en la cartelera de Ticketek para el resto del mes.
Cuando se levantó el telón y el talento de Iñaki comenzó a desplegarse por ese escenario nuevísimo, la magia del teatro hizo lo suyo. Y en medio de esa sala completa de público vestido de fiesta, un hombre no podía disimular su emoción. Los ojos de Osvaldo reflejaban el orgullo del deber cumplido, pero sobro todo la satisfacción del sueño hecho realidad. Ojalá haya muchos más locos como Osvaldo. ©
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