SALUD | SOCIEDAD | #255
Sociedad violenta

Hoy la presente nota trata de entramar algunas ideas sobre un tema terrible, conmocionante, alarmante y angustiante como es el conjunto de actos de violencia extrema, a simple vista inexplicables, que quedan para siempre en nuestras mentes por el hecho irreversible y trágico de la muerte.

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Suelen suceder episodios de extrema violencia entre personas, barras que se enfrentan y se dañan, o grupos que por distintos intereses chocan y llegan a cometer actos violentos.
Pero el análisis de hoy trata de un episodio puntual, consistente en actos de violencia reiterados y desenfrenados de muchos jóvenes (entre 18 y 22 años) sobre otro joven, que sólo en el desamparo de su soledad, en lo injustificado e injusto de su situación, es atacado hasta la muerte. Sorprende la terrible indefensión de la víctima, sorprende lo irrelevante de la motivación para la agresión, sorprende la edad de los agresores. Todos hombres ya, todos en su ´sano juicio´ , quizás alcoholizados o drogados, pero actuando en conjunto y con premeditación, sosteniendo una trama estratégica para lograr un objetivo, posiblemente ya practicado en episodios anteriores con resultados menos extremos.
¿Qué decir de un grupo de jóvenes que tiene como costumbre funcionar como manada, tomando una víctima y ejerciendo la violencia, la humillación, sin limites? Probablemente tengan un líder, más intrépido, dominante, arriesgado y psicopático. Este líder sádico aporta las ideas, las motoriza, los moviliza. También tendrá su mano derecha, y el resto de los miembros del grupo manada los seguirán, no siempre de acuerdo con estas decisiones, pero pagando el precio de pertenecer a un grupo que promueve algunas cualidades socialmente valoradas (estatus social, visibilidad por algún deporte, notoriedad de algún tipo). Al actuar en grupo, fragmentadamente, se pierde la idea completa de lo que se esta haciendo, y sus consecuencias. Se tiende a delegar la responsabilidad en el otro, el juicio queda suspendido, el efecto manada permite creerse ajeno. En estas situaciones se suspende el pensamiento propio, el criterio personal, se actúa en función del grupo.
Obviamente son todos responsables, actuaron en conjunto, y cada uno aporto lo necesario para el desenlace fatal. Serán juzgados y condenados. Lo terrible de la muerte de un ser humano ya no puede cambiarse. El infinito dolor de la familia de la víctima tampoco. La ausencia traumática, inexplicable y agónica para sus seres queridos difícilmente se atenúe con el castigo a sus victimarios.
Me parece interesante pensar cómo se arman, se perfeccionan y funcionan los grupos que operan en manada. Estos grupos aúnan sus fuerzas para el Mal, para potenciar el odio, para dañar. Se esconden en la hipócrita fachada de la pertenencia a un deporte o una religión, de un grupo social u otra institución. Una idea loca de sádica superioridad, de turbia violencia da forma a su existencia.
Probablemente se trata en principio de niños y jóvenes, en apariencia comunes. Pero alejados del cuidado cariñoso de sus padres. No por falta de padres, sino por falta de disponibilidad amorosa de los mismos, o falta de tiempo, o impotente indiferencia. Y puede señalarse que un comportamiento cruel o psicopático no siempre tiene que ver con la falta de cuidados en la infancia. Y es verdad, pero son la minoría de los casos.
Como padres, docentes, familia, terapeutas tenemos tiempo de enterarnos, de intervenir, de opinar y prevenir. Hay que transmitir ideas sobre la consideración hacia los otros, el amor, la valentía, la cobardía y el respeto a la vida en general.
En este mismo momento se estas gestando futuras reacciones de violencia arrasadora, en grupos de niños y niñas que viven aparentemente de forma normal, pero que guían sus acciones con nuestras ideas de franca o sutil discriminación hacia aquello que nos molesta. La forma en que nosotros, como adultos (padres, familia, docentes, otros seres de un entorno) reaccionamos concretamente ante aquello que nos cuesta tolerar o comprender, está estableciendo las bases para las replicas en ellos de la forma de reaccionar y acomodar aquello que no entienden o por alguna razón, les disgusta.
Pueden ser frases discriminatorias, de desprecio, de intolerancia o indiferencia aquellas que son tomadas como guías para constituir el criterio que va a guiar a niños y niñas en su relación con el entorno. Nuestras propias acciones van armando ideas que en el presente y en el futuro establecen parámetros de inclusión o exclusión.
Un acto tan atroz y aberrante como el descripto a manos de un grupo actuando en manada, es sencillo de rechazar. Pero tenemos que trabajar atentos a detectar y desactivar pequeños gestos de rechazo, crueles y maliciosos, que puede llevar a cabo en su entorno familiar y escolar cualquier niño. Un grupo maltratando a un compañero o compañera, por una razón de prejuicio social, de intolerancia a costumbres o de rechazo a algún aspecto físico o de apariencia puntuales, es algo frecuente de encontrar en aulas de escuelas o colegios.
Estos son los momentos de actuar preventivamente, es la oportunidad de trabajar como sociedad para promocionar la consideración, aprender sobre lo desconocido, ejercitar la tolerancia y poner limite a la violencia como forma de trato cotidiano. ©



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